Game Pass y el fin de la propiedad: ¿de verdad salimos ganando?
Suscribirse en vez de comprar suena a chollo, y muchas veces lo es. Pero conviene mirar la letra pequeña de lo que estamos cambiando por el camino.
En este artículo (3 apartados)
Vamos a defender el Game Pass y a criticarlo en el mismo artículo, porque las dos cosas son verdad a la vez. El modelo de suscripción ha sido una de las mejores cosas que le han pasado al jugador medio en la última década. Y también nos está acostumbrando a algo que deberíamos mirar con más cuidado.
Lo que ganamos (y es mucho)
Por lo que cuestan unos pocos juegos al año, tienes acceso a una biblioteca enorme que se renueva sola. Puedes probar cosas que jamás habrías comprado, descubrir géneros que no tocabas y, en los planes que los incluyen, jugar lanzamientos de Microsoft el día uno sin soltar 70 euros. Para quien juega variado, la cuenta sale casi siempre a favor.
Y hay un efecto secundario precioso: baja el riesgo de experimentar. Un juego raro, de estudio pequeño, tiene muchas más oportunidades de que le des una tarde si ya está “incluido” que si tienes que pagarlo aparte. Eso es bueno para todos, y sobre todo para los estudios que se salen de lo seguro.
Lo que cambiamos por el camino
Ahora la letra pequeña. Cuando te suscribes, no eres dueño de nada. Los juegos entran y salen del catálogo; ese que ibas a terminar “el mes que viene” puede desaparecer. No hay reventa, no hay préstamo a un amigo, no hay una estantería que sea tuya. Pagas por acceder, no por tener.
Y hay una consecuencia más sutil: cuando todo está incluido, es fácil no jugar nada del todo. Saltamos de un juego a otro sin llegar a terminar, coleccionando comienzos. La abundancia tiene ese precio raro.
Nuestra postura, sin postureo
Usamos el modelo de suscripción y lo recomendamos, pero con dos reglas propias:
- Los juegos que de verdad nos marcan, los compramos. Si un juego nos va a acompañar años, queremos que sea nuestro, no que dependa de una cuota.
- Terminamos lo que empezamos antes de saltar al siguiente. La suscripción no es una excusa para no acabar nada.
El Game Pass no es el villano ni el salvador. Es una herramienta muy buena que conviene usar con cabeza, sabiendo qué ganas y qué cedes. La comodidad siempre tiene un precio; solo hay que decidir si estamos dispuestos a pagarlo con los ojos abiertos.